"Y si nos apuntamos a una clase de yoga esta tarde?"

Aún me parece ayer cuando, sentada en un puestecito de chai en Rishikesh mientras me fumaba un cigarrillo, mi compañera de viaje de entonces me dijo “Y si nos apuntamos a una clase de yoga esta tarde?”. Y desde el momento en que entré en aquella sala, con ese intenso olor a incienso y donde un hermoso Ganesha, pintado en la pared, reposaba su drishti sobre nosotros, le dí la bienvenida al yoga en mi vida y el más grande y natural cambio en mi empezó a suceder. Ese primer Surya Namaskar marcó el comienzo de una nueva etapa en mi vida. Mi etapa.

Los primeros años en los que practicas yoga, todo es maravilloso. Estás tan entusiasta y entregado que sólo quieres practicar, conocer y mejorar. Los avances y los cambios que suceden en tu cuerpo físico, Annamaya Kosha, son tan rápidos y evidentes que tu ego se nutre, y tu ego alimenta tu motivación, tu motivación crea la disciplina, y tu disciplina se va convirtiendo en un maravilloso hábito. Además dejas de fumar, dejas de beber alcohol, empiezas a ser vegetariano…y quieres viajar a la India! Entras en una hermosa comunidad de personas que comparten la misma pasión para el yoga y pasas las horas tomando Yogui Tea hablando de lo difícil que es para ti entrar en Padmasana hasta que, un día, la ponzoña empieza a salir, los nudos empiezan a deshacerse, los bloqueos se hacen visibles y de repente ya no avanzas tanto a nivel físico. Es ahora que el verdadero trabajo empieza. Y es en este momento que muchas personas deciden dejar la práctica del yoga. Con el apoyo de la mente, la más grande rival del yoga (el fin supremo del yoga es el cese de las fluctuaciones de la mente” “Yoga Chitta Vritti Nirodha” – Patanjali, Yoga Sutras – y esto a la mente no le gusta!). Encontramos las excusas más sensatas y nos alejamos de la práctica. Y es justo ahora que tenemos que coger nuestra esterilla, cerrar los ojos sentados en sukhasana y observar qué es lo que nos está pasando dentro, en nuestro mundo interior. Es justo ahora que debemos inclinarnos a nosotros mismos en Uttanasana, es justo ahora que hay que activar Pada bandha y conectar con la tierra. Y todo lo bonito vuelve.

Considero importante elegir un estilo de yoga e ir perfeccionando tu relación con él. Al principio se tiene mucha curiosidad y vas peregrinando de escuela a escuela, de maestro a maestro, hasta encontrar lo que realmente conecta contigo. Empieza con clases guiadas, todas las veces que quieras por semana hasta que estés listo para prescindir de la guía de un profesor y de la energía del grupo y puedas empezar a auto-practicar. Ojo, una práctica no quita la otra, simplemente ir alternándolas. Yo me tomo el tiempo para practicar cada día, a veces puedo estar un par de horas, y a veces sólo tengo 15 minutos.

Es hacerlo parte de tu rutina diaria, igual que ducharse, maquillarse, comer… Además, cuando la práctica del yoga sucede cada día, es importante ajustar la práctica a tu estado mental y físico, y aceptar que cada día es diferente, y cada día explorarás un mundo nuevo. Observar tus límites, aceptarlos, como límites del día de hoy y construir la práctica desde estos mismos límites.

¿A qué es bellísimo? “Practise Practise Practise”, Sri K. Pattabhi Jois